Me formé como técnica en realización de proyectos audiovisuales, además de ser alumna en escuelas de referencia como Lens, La Máquina, Metrópolis o La Fábrica donde comencé a construir una mirada propia dentro del lenguaje visual contemporáneo.
Colaboré con la fotógrafa Ana Amado en el proyecto «El Despertar», creado para la reapertura del espacio cultural de la Serrería Belga (Madrid), una experiencia que consolidó mi interés por la imagen como medio de expresión, memoria y emoción.
He participado en diferentes exposiciones fotográficas, tanto de manera individual como colectiva, en distintos espacios culturales. Además, compagino mi actividad artística con la docencia en fotografía, acompañando a otras personas en el desarrollo de su mirada, su técnica y su identidad visual.
Mi trabajo se centra, por un lado, en el cuerpo y la intimidad y, por otro, en la fotografía de calle: dos territorios desde los que investigo lo corporal, lo íntimo y lo cotidiano, en busca de imágenes honestas, directas y cargadas de significado.
Para mí la fotografía no solo es un canal que uso para expresarme, sino que es una forma de conectar con las personas, una manera de ver lo que me rodea y experimentar con mi entorno.
Las sesiones que más disfruto y que considero más enriquecedoras son las de retrato. A través de mi cámara, ayudo a las personas a descubrir que la belleza va mucho más allá de lo físico: reside en su fuerza, su historia y su esencia. En muchos casos, estas sesiones se convierten en una experiencia transformadora, casi terapéutica, que refuerza la autoestima y la conexión con nosotros mismos.
Trabajo desde la escucha y la cercanía, entendiendo cada sesión como un espacio de confianza. Busco imágenes honestas, que respiren, que permanezcan y conecten desde lo esencial.
